El susurro del agua entre oleandros y tamariscos no es algo que esperes encontrar en pleno sureste árido. Sin embargo, el Río Chícamo existe, sereno y discreto, recorriendo 31 kilómetros entre las sierras de Murcia hasta fundirse con el Segura. Es uno de esos rincones que parece reservado para quienes saben buscar.
Un río que desafía su entorno
Conocido también como Rambla de Abanilla en su tramo bajo, el Chícamo nace en la localidad de Macisvenda y discurre por una cuenca de más de 450 kilómetros cuadrados. Su carácter mediterráneo —con períodos de escasez que alternan con episodios de crecida— le ha dado forma a un paisaje fluvial único: barrancos encajados, riberas frondosas y una vegetación que parece disputarle el terreno al esparto y el tomillo circundantes.
Una naturaleza que sorprende
A lo largo de sus márgenes prosperan el carrizo, el junco y el popular oleandro murciano, que en verano tiñe de rosa y blanco el cauce. Pero quizá el descubrimiento más notable sea el de los álamos del Éufrates: una colonia de cerca de ochenta ejemplares detectada en uno de sus tributarios, convirtiendo este humilde río en un enclave de relevancia botánica nacional. La fauna no se queda atrás: aves ribereñas, reptiles y anfibios encuentran aquí uno de los pocos refugios hídricos del municipio de Abanilla.

Rutas y forma de disfrutarlo
El río invita al senderismo pausado. Los caminos que discurren por su ribera no exigen equipamiento especial, aunque unas botas cómodas siempre ayudan en los tramos más pedregosos. La mejor época es el otoño y la primavera, cuando el caudal es más generoso y la temperatura lo convierte en un paseo placentero. En los meses de verano, las horas tempranas de la mañana son la mejor alianza.
Cómo llegar
El Río Chícamo discurre en los alrededores de Abanilla (Murcia), perfectamente accesible desde la A-21 y las carreteras locales que comunican los núcleos de Macisvenda y Abanilla. El transporte privado es la opción más práctica para explorar libremente sus diferentes tramos.
La zona del Chícamo forma parte de ese territorio interior murciano que los visitantes descubren con una mezcla de sorpresa y gratitud: paisajes que no han cedido a la masificación, silencios que se agradecen y una naturaleza que te recibe sin filtros. Hospedarse cerca significa disponer de tiempo real para explorarla sin prisas, que es exactamente lo que merece.
El Río Chícamo no acaparará portadas ni aparecerá en las listas de los diez destinos más fotogénicos. Y precisamente por eso vale la pena visitarlo: porque los mejores descubrimientos son siempre los que el tiempo aún no ha convertido en postal.



