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Yacimiento de Quibas: un millón de años bajo Abanilla
25 de mayo de 20263 min de lectura

Yacimiento de Quibas: un millón de años bajo Abanilla

Bajo las colinas de Abanilla se esconde uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de Europa: Quibas, una antigua cueva de más de un millón de años que ha revelado especies únicas en el mundo y reescrito la historia de la fauna ibérica del Pleistoceno.

Bajo las colinas de Abanilla, entre estratos de arcilla y roca, duerme un relato de un millón de años. El Yacimiento Paleontológico de Quibas es uno de esos lugares que te confronta con la dimensión real del tiempo: un antiguo sistema de cavernas que durante milenios fue el hogar —y el cementerio— de criaturas que hoy solo conocemos por sus huesos.

Un yacimiento de escala europea

Quibas no es un yacimiento local más. La comunidad científica lo sitúa como uno de los enclaves de vertebrados continentales más completos de Europa para el período comprendido entre 900.000 y 1.100.000 años atrás, en la transición entre el Pleistoceno inferior y medio. Su valor reside en la densidad y diversidad de fósiles acumulados en lo que fue una caverna natural, rellenada con el tiempo por sedimentos que preservaron los restos de la fauna que vivió, murió o fue arrastrada hasta allí.

Lo que se ha encontrado

Los hallazgos de Quibas reescriben algunos capítulos de la historia natural europea. Entre las especies identificadas destaca el Neomys de Quibas, el representante más antiguo del mundo conocido del género de musgaños modernos. Igualmente relevante es la presencia de Miniopterus horaceki, un murciélago fósil documentado previamente solo en Marruecos, cuyo hallazgo en Quibas demuestra que la colonización de Europa por parte de esta especie ocurrió hace al menos un millón de años. Un registro de lince ibérico —representado por un fémur extraordinariamente bien conservado— y decenas de otras especies completan un retrato faunístico de precisión inusual.

Una excavación viva

Lo que hace especial a Quibas no es solo lo que ya se ha encontrado, sino lo que todavía está por descubrir. El equipo dirigido por el investigador Pedro Piñero realiza campañas anuales de excavación con metodología arqueológica de precisión, y los resultados se publican en revistas científicas de primer nivel como Quaternary Science Reviews. Visitar Quibas durante una campaña de excavación es asistir a la ciencia en tiempo real: una rareza que merece ser aprovechada.

Cómo visitar

El yacimiento gestiona sus visitas a través de la Fundación Atapuerca, que exige reserva previa por razones de conservación y seguridad. El teléfono de contacto es el 947 421 000 y el correo reservasatapuerca@fundacionatapuerca.es. El horario de reservas es de lunes a sábado de 9:00 a 17:00 y domingos y festivos de 9:00 a 14:00. Las visitas pueden cancelarse por condiciones meteorológicas adversas, algo a tener en cuenta especialmente en verano.

La región de Abanilla no es solo paisaje árido y naturaleza dramática: es también un territorio de capas, donde cada colina guarda historias que se miden en eras geológicas. Disponer de varios días en la zona permite combinar la dimensión prehistórica de Quibas con la contemplativa del Río Chícamo o la espectacular del Desierto de Mahoya, construyendo una experiencia de viaje completa y poco convencional.

No todos los lugares que vale la pena visitar aparecen en las guías de turismo. Quibas es uno de ellos: un yacimiento que hace pequeño al presente y que te devuelve, por un momento, a un tiempo en que el mundo era completamente distinto. Y eso, sinceramente, no tiene precio.