Hay paisajes que piden disculpas por ser tan cinematográficos. El Desierto de Abanilla, conocido localmente como Mahoya, es uno de ellos: barrancos ocres, crestas erosionadas y silencios que parecen sacados de un western rodado en otro planeta. Y está en Murcia, a poco más de una hora de Alicante.
Mahoya: geología en estado puro
El macizo de Mahoya es una formación de origen triásico —unos 250 millones de años— erosionada durante milenios hasta adquirir la morfología de badlands que la hace tan característica. Arcillas y margas de tonos rojizos, ocres y grises crean una paleta cromática que cambia con cada hora del día. Es, en esencia, el paisaje que rodea a Abanilla, aunque muchos vecinos de la Región de Murcia ni siquiera lo conocen.

El paisaje que cambia con la luz

Qué ver y cómo recorrerlo
No existe un único recorrido oficial, lo que paradójicamente es uno de sus atractivos. Los caminos de tierra que surcan el macizo permiten avanzar a pie o en vehículo todoterreno. El Cerro Mahoya (936 m) es el punto más elevado y ofrece vistas en 360° de una aridez casi irreal: al norte, las sierras murcianas; al sur, los restos del mar antiguo que fue esta tierra.
Información práctica
- Mejor momento: octubre a mayo. En verano, solo al amanecer o al atardecer.
- Acceso: pistas de tierra desde la RM-C14. Vehículo con buena altura al suelo recomendable. A pie, calzado de senderismo imprescindible.
- Duración: desde una parada fotográfica de 30 minutos hasta una jornada completa de senderismo.
- Sin coste: espacio de acceso libre.
ℹDato geológico: El Macizo de Mahoya forma parte de las unidades prebéticas del orógeno alpino, con materiales del Triásico Superior (Keuper). Para más información, consulta la entrada en Wikipedia — Macizo de Mahoya.

El Desierto de Abanilla es de esos lugares que se quedan contigo más tiempo del que esperabas. Quedarse en la zona durante varios días permite combinar la visita con el Río Chícamo —a escasos kilómetros— y el Yacimiento de Quibas, construyendo un viaje a tres tiempos: el geológico, el fluvial y el paleontológico.
Si alguna vez has querido sentir que estás en otro planeta sin salir de la Península, Mahoya es tu respuesta. Un paisaje que no pide nada a cambio, salvo que lo respetes.



